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2. Parte 1: VIH/SIDA y UNGASS: ¿una nueva era de compromiso?
La pandemia del VIH/SIDA es el más fuerte, grave y complejo reto que la comunidad de Comunicación para el Desarrollo ha enfrentado nunca. La escalada sin piedad de la epidemia en los países en desarrollo provee un devastador escenario para esta Mesa Redonda. Aunque se han hecho importantes avances hacia el control del VIH, la realidad es que más de 36 millones de personas viven con el virus VIH, y que en algunos de los países más afectados una de cada cuatro personas adultas es portadora del virus.
Por otro lado, también hay hoy más optimismo, más energía y compromiso alrededor de la epidemia, que en el pasado. Durante los últimos dos años, el VIH/SIDA ha sido el foco de una intensa atención internacional, mayor que la que recibe cualquier otro de los problemas de salud pública que enfrenta el mundo en desarrollo. Este proceso culminó con la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre SIDA (UNGASS, según las siglas en inglés) en Junio de este año, y con el establecimiento de un nuevo fondo global (el Fondo Mundial para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria). Después de años de conferencias, cabildeo por parte de agencias internacionales y organizaciones de la sociedad civil, y de la creciente evidencia de las dimensiones de la crisis, en 2001 se dio lo que podría llegar a ser el punto de quiebre, cuando la comunidad internacional hizo del VIH/SIDA una de sus prioridades.
Se puede argumentar que ésto no es nuevo. A finales de los 80s se dio un proceso similar (aunque no de igual intensidad) en la política internacional y en los debates públicos sobre el VIH/SIDA, con donantes aumentando sus contribuciones para atacar la epidemia y con una intensa cobertura de los medios internacionales sobre el tema. La atención internacional se desvaneció durante los 90s, en parte porque en el Norte la abogacía a nivel político sobre la epidemia declinó, una vez que los tratamientos anti-retrovirales se volvieron más fácilmente asequibles, y en parte debido a la complejidad de la epidemia y a la falta de avances en el corto plazo.
En los últimos años, sin embargo, dos aspectos han puesto de nuevo el tema en las agendas de desarrollo. El primero es el (re) reconocimiento de las dimensiones de la epidemia. El otro es el desarrollo de terapias con base en combinaciones de drogas anti-retrovirales, que en el Norte rápidamente se volvieron de muy fácil acceso, pero que no están al alcance de la mayoría de las personas que viven con VIH/SIDA en los países en desarrollo. Este aspecto fue el catalizador y punto focal para el primer movimiento global originado en el Sur, en respuesta a la epidemia.
Los esfuerzos de individuos y organizaciones para poner de nuevo el VIH/SIDA en la agenda de los gobiernos del Norte tuvieron éxito en el 2000, cuando el grupo G8 discutió el tema en la cumbre de Okinawa. Esta reunión, combinada con muchas otras iniciativas, puso en marcha el proceso que culminó en UNGASS en Junio 2001 – la primera vez que una sesión de este tipo era convocada para discutir un tema de salud – y con la creación en ese mismo año del Fondo Mundial de la Salud (hoy conocido como Fondo Mundial para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria).
La Declaración de Compromiso en VIH/SIDA que surgió del UNGASS fue objeto de un intenso y prolongado debate durante su realización. A pesar de todo, sigue siendo un documento más fuerte de lo que algunos críticos esperaban y, si fuera aplicado, sería potencialmente una poderosa herramienta que obligaría a los gobiernos (y a otros) a poner en marcha una serie muy amplia de medidas. Estas incluyen el desarrollo de "estrategias nacionales y planes de financiación para combatir el VIH/SIDA, que enfrenten la epidemia en forma directa" y a "enfrentar el estigma, el silencio y la negación; enfrentar las dimensiones de género y edad de la epidemia; eliminar la discriminación y la marginalización".
Más aún, el documento urge a los actores a "crear asociaciones con la sociedad civil y el sector de los negocios, con la total participación de personas portadoras del VIH/SIDA, de representantes de grupos vulnerables y de mayor riesgo, particularmente mujeres y personas jóvenes – y a promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales, incluyendo el derecho al más alto nivel de salud física y mental posibles".
Ahora que la epidemia está de nuevo en la agenda internacional, se espera que esta vez, a diferencia de lo sucedido en los 80s y 90s, se cumpla con los compromisos adquiridos. Sin embargo, está por verse qué tan efectiva es la Declaración. Muchos observadores dudan que las fechas límite y los mecanismos de evaluación que la Declaración impone para el desarrollo de estrategias, vayan a ser cumplidos por muchos países. De todos modos, ellos creen que el lenguaje de la Declaración será una herramienta que le permitirá a las ONGs y a otros, ejercer presión sobre sus gobiernos, para que tomen las medidas adecuadas. Creen, además, que la Declaración demostrará su utilidad, en la medida en que los conceptos que describe sean incorporados en otros documentos y en el discurso general sobre VIH/SIDA y desarrollo.
Hay grandes dudas sobre el recientemente creado Fondo Global. Hay incertidumbre sobre cual será su impacto; hay dudas serias sobre si el Fondo contribuirá a que haya más fondos disponibles; hay mucha incertidumbre acerca de si el énfasis deberá estar en la prevención o el tratamiento; hay incertidumbre sobre cómo serán canalizados los fondos y preocupaciones particulares acerca de cuáles sectores (particularmente de la sociedad civil) participarán en la definición de las prioridades de inversión del fondo.
De todos modos, hay una nueva energía y compromiso acerca del VIH/SIDA por parte de la comunidad internacional, con financiación nueva siendo canalizada al nuevo Fondo, no sólo por antiguos donantes sino también por importantes donantes nuevos. Uno de los retos que enfrenta la Mesa Redonda para Comunicación para el Desarrollo es determinar cuáles son las estrategias más efectivas hacia las que deben ser canalizados estos (aún insuficientes) recursos.
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