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Días internacionales: ¿carga u oportunidad?

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81
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Este número del Son de Tambora hace parte de nuestra serie especial de
análisis. En esta ocasión, Alfonso Gumucio Dagron, Director Ejecutivo del
Consorcio de Comunicación para el Cambio Social, ha respondido a la
invitación abierta que La Iniciativa de Comunicación formula a su red, a
escribir análisis críticos alrededor de la comunicación. Gumucio examina la
utilidad de los días internacionales. El texto refleja únicamente su punto
de vista y no el del grupo de socios de La Iniciativa de Comunicación,
individual o colectivamente.

La serie especial de análisis, cuyos números circulan el tercer miércoles de
cada mes, pretende divulgar opiniones críticas y generar diálogo. Nos es
imposible garantizar la publicación de todos los artículos recibidos, dado
nuestro número limitado de ediciones por año. Sin embargo, si desea hacer
una contribución, comuníquese con Juana Marulanda – jmarulanda@comminit.com -
Muchas gracias.

***

DIAS INTERNACIONALES: ¿CARGA U OPORTUNIDAD?

Revise bien su calendario... ¿se ha fijado que casi cada día del año es el
"día internacional" de alguna buena causa? Algunos son bien conocidos y
ampliamente celebrados: el Día Internacional de la Mujer, el Día
Internacional de la Tuberculosis, el Día Mundial del Medioambiente, el Día
Mundial de la Población, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el
Día de los Derechos Humanos, el Día Mundial del SIDA... ¿Los tiene todos
presentes? Yo me considero una persona bien informada, pero sería incapaz de
citar la fecha del Día Mundial del No-Tabaco, el Día Mundial de los
Refugiados, el Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono,
el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, el Día para la
Reducción de los Desastres Naturales, el Día Africano de la
Industrialización, el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia
contra las Mujeres, el Día Internacional de los Inmigrantes, el Día
Internacional para la Abolición de la Esclavitud... Me doy cuenta de su
existencia el día mismo en que se celebran, y luego parecen desvanecerse
inmediatamente.

Si usted tiene una idea para un nuevo "día internacional", tiene que
apurarse, porque el calendario ya está casi lleno. Quizás en el futuro se
añadan meses al calendario para acoger las nuevas iniciativas. Después de
todo, entre el calendario juliano y el gregoriano ya hubo cambios
importantes... Actualmente tenemos no menos de siete u ocho días
internacionales por mes, excepto en enero, febrero, julio y agosto, cuando
disfrutan de sus vacaciones de invierno o de verano en los países del norte.
Como se pude ver, hay una lógica detrás de todo esto.

Mi pregunta es ¿qué hacemos con tantos días internacionales y qué queremos
que la gente haga con ellos? Si pensamos en los hombres y mujeres de buena
voluntad, en los militantes de todas las causas justas... ¿esperamos acaso
que se entreguen como voluntarios diez veces al mes? Si adoptamos la
perspectiva de un ciudadano consciente que apoya el desarrollo y el cambio
social en nuestro pobre y maltrecho mundo, esperamos que se cuelgue en el
pecho todas esas cintas de colores como las medallas de un general? ¿O que
vista cien camisetas con nobles mensajes?

Algo está realmente mal y me pone de mal talante, sobre todo porque conozco
desde adentro lo que pasa. Dejemos de lado la perspectiva del ciudadano bien
intencionado y concentrémonos por un momento en cómo funciona el mecanismo a nivel nacional cada vez que hay que cumplir con las tareas de un día
internacional. Tomemos como ejemplo el Día Mundial del SIDA, que todos
conocen. A propósito, trabajé en un país donde el SIDA ocupa el puesto 23
entre las causas de morbilidad y mortalidad (muy por debajo en la lista que
las enfermedades de fácil prevención), y a pesar de eso, el país invierte
más fondos en hacer ruido el 1º de Diciembre, que en la comunicación sobre
malaria, diarrea o vacunación.

Una mirada a los días mundiales relacionados con salud revela la absurda
carga que representa para los ministerios de salud y para las oficinas
nacionales de UNICEF y OMS preparar las actividades de un solo día. Dos o
tres meses antes de la "celebración" (¿y qué diablos es lo que estamos
celebrando?) su personal se concentra en diseñar afiches y preparar
conferencias de prensa, desfiles, canciones con mensajes de prevención,
camisetas, etc. Con seguridad los medios obtienen contratos para difundir
avisos publicitarios, de manera que UNICEF, OMS o UNAIDS puedan luego
mencionar en sus informes anuales "la participación de toda la comunidad",
la amplia difusión de los mensajes a través de los medios masivos y su
increíble impacto en la población del país. Muchas de estas afirmaciones no
tienen sustento, pero eso a nadie parece importarle. La verdad es que las
cosas no están mejorando; algo falla cuando se hace tanto ruido y se
obtienen tan pocos resultados. "Mucho ruido y pocas nueces" decimos en
español, citando a Shakespeare.

No solo cuestiono con vigor la "celebración" misma –que es una distracción
del trabajo cotidiano y de las responsabilidades de luchar contra el SIDA o
la TB todos los días del año- sino que considero peligroso el esfuerzo
exigido a las instituciones nacionales (o a las oficinas nacionales de las
agencias de Naciones Unidas) para satisfacer una agenda impuesta desde Nueva York, Ginebra o Roma. He visto a muchos comunicadores que, cansados de presiones ad hoc para diseñar afiches, jingles o spots para TV, contratan
agencias de publicidad para quitarse el problema de encima y satisfacer a
los "jefes". Aún así, los eventos en los que el ministro de salud o el
presidente del país envían un mensaje junto al representante de Naciones
Unidas, consumen mucho tiempo y energía que debiera destinarse al trabajo
cotidiano.

Esto obedece al concepto errado que tienen sobre la comunicación la mayoría
de las organizaciones de desarrollo. No solo tienden a confundir información
con comunicación, sino información con campañas. En un típico programa
nacional de desarrollo, lo que se entiende por "comunicación" es el trabajo
con los medios, una manera muy fácil de acabar con los presupuestos de por
sí escasos. Muy pocos la entienden como comunicación con la gente y menos
aún, como una manera de fortalecer las voces para que la gente se comunique.
Pocos ven la comunicación como herramienta para el desarrollo participativo
y sostenible. La mayoría la entiende como algo que se añade cuando un
proyecto está en problemas o quiere promocionar su éxito antes de concluir.
Comunicarse con la gente, con las comunidades o las organizaciones sociales,
no está en la agenda de la mayoría de las organizaciones para el desarrollo.
Por eso tienden a creer que hacer mucho ruido una vez al año les confiere
visibilidad. La comunicación está ausente de sus programas o transfigurada
en técnicas de mercadeo. Muchas organizaciones establecen un mejor diálogo
con agencias comerciales de mercadeo, que con los líderes comunitarios. Los
días internacionales son un asunto de visibilidad, no de cambio social.

Siempre he encontrado anécdotas curiosas sobre los días nacionales o
internacionales. Al principio de los noventa me encontraba al servicio de
UNICEF en un país africano, y el ministerio de salud decidió que se
necesitaba un nuevo logo para la campaña anti-malaria. Para acelerar el
proceso de diseño y validación del logo, se citó a una reunión de
funcionarios de salud, ONGs locales, agencias internacionales, etc. Yo era
el único comunicador.

Rápidamente se identificó el elemento central del logo: un mosquito. Una
enfermera observó que, a pesar de ser tan importante en la transmisión de la
malaria, el mosquito comunicaba una imagen negativa. El logo debía más bien
insinuar el tratamiento de la enfermedad, y sugirió incluir comprimidos de
cloroquina cerca de las patas del insecto (me recordó a la kriptonita para
neutralizar a Superman). El representante de los Rotarios enfatizó que su
organización luchaba desde hace muchos años en la prevención de la malaria,
y sugirió añadir en la imagen del logo un mosquitero. La representante de
una ONG local opinó que siendo una campaña nacional, el mapa de Nigeria
debería aparecer en el fondo del logo, "en verde, como nuestra bandera",
añadió. Un doctor que no quería perder la oportunidad de hacer su
contribución sugirió que habiendo tantos casos mortales de malaria, una
jeringa con el rótulo "Fansidar" debía aparecer. Su sugerencia fue rechazada
por el funcionario de relaciones públicas del ministerio, quien argumentó
que ya había demasiados elementos en el logo. Pero sugirió unos más: el logo
y el nombre del Ministerio de Salud rodeando el dibujo. Llegados a ese punto
busqué una excusa para abandonar la reunión. La anécdota muestra lo fácil
que es equivocarse cuando la improvisación guía el proceso creativo, en
lugar de un trabajo serio y especializado en comunicación.

Ni pensar claro, en la investigación formativa y participativa: la mayoría
de estas campañas, logos, mensajes y afiches se deciden en un cuarto lleno
de burócratas. El equipo de comunicación está subordinado a funcionarios de
alto rango o doctores que creen saber "cómo comunicar". La toma de
decisiones está supeditada a las jerarquías políticas y los comunicadores no
son más que apéndices de bajo nivel en los programas.

Una de las paradojas de estos esfuerzos de un día, es que su efectividad
está limitada no solamente por la improvisación, sino también por la falta
de pensamiento estratégico o siquiera "táctico". He visto afiches, panfletos
y camisetas entregados por la imprenta apenas un día antes del Día "D", lo
que hace absolutamente impensable distribuirlos ampliamente por todo el
país. Algunas veces, con gran esfuerzo, el ministerio de salud se las
arregla para que los afiches lleguen a las provincias... donde se quedan en
un rincón o debajo de la mesa de un administrador hasta el año siguiente. Es
posible que algunos sean colgados en el centro de salud local, pero casi
imposible que lleguen a las comunidades, y menos para el Día "D". En Papua
Guinea le pregunté al funcionario de salud de un hospital local por qué los
afiches llevaban semanas tirados en el piso en lugar de ser colgados en las
paredes. Obtuve dos respuestas: a) No tenemos cinta pegante o tachuelas para
colgarlos; y b) el "doctor" dice que son muy feos. (La verdad es que estos
afiches sobre SIDA eran feos: mostraban a un condón del mismo tamaño que un
hombre vestido en ropas tribales).

Al final, la mayoría de las actividades en los días internacionales quedan
confinadas al ámbito urbano y pasan desapercibidas en áreas rurales. Sin
embargo, esto es a propósito, porque lo que quieren los ministerios y
agencias locales es simplemente algo de visibilidad que los medios masivos
garantizan. Un artículo en el principal periódico de un país donde solamente
el 1% de la población lee la prensa escrita, parece ser más importante que
365 días de trabajo continuo en comunidades empobrecidas y aisladas.

El problema de fondo es que los Días "D" son parte de la agenda de los
donantes del Norte, y no de la agenda de los países en desarrollo. A través
de esos días aislados, las agencias de desarrollo del Norte hacen algo de
ruido para llamar la atención sobre lo bueno que es su trabajo. Pero en el
Sur, estos días son inútiles. Lo que necesitamos aquí son 365 días de
atención a los problemas, y no un día de celebración por los muertos y los
olvidados. Puedo comprender que con estos eventos puntuales, en el norte
traten de mantener el interés por temas que no están entre las prioridades
de los ciudadanos de los países industrializados. Sin embargo, los países de
Africa, Asia y Latinoamérica deberían diseñar sus actividades de
comunicación a lo largo de todo el año, y si se trata de celebrar un día en
particular, debería convertirse en una ocasión para mostrar los resultados
del trabajo. De otro modo, lo que se está celebrando es la incapacidad de
alcanzar las metas.

Duele constatar que si bien todas las organizaciones de desarrollo –incluso
el Banco Mundial- hablan de participación comunitaria y de la necesidad de
comunicarse mejor con la sociedad, muy pocas traducen este discurso en
acciones concretas. Con qué frecuencia he oido frases como "la comunicación
es importante"; o "la comunicación es la clave del éxito"; o "fracasamos
porque las personas no se involucraron"... Pero la realidad es que los
fondos para la comunicación son demasiados bajos para ser "importantes", que
los comunicadores especializados no existen o están cómodamente instalados
en las oficinas centrales, que en su lugar se contrata a gente improvisada
en las posiciones más bajas en la jerarquía, porque no se los considera
esenciales para el trabajo de comunicación. Triste paradoja.

¿Son útiles los días "D" internacionales? Mi posición es clara. ¿Y usted qué
opina?

Alfonso Gumucio Dagron

Director Ejecutivo del Consorcio de Comunicación para el Cambio Social

Gumucio@CommunicationForSocialChange.org


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OPINE SOBRE EL TEMA EN TOMADO EL PULSO:

Los días internacionales no son útiles en los países en desarrollo.

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Este número del Son de Tambora expresa un punto de vista personal; ha sido
escrito y firmado por su autor. Las opiniones que aquí se expresan reflejan
su pensamiento individual y no necesariamente, el de La Iniciativa de
Comunicación o el de sus socios.

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El Son de Tambora pretende cubrir una amplia gama de actividades acerca de
la comunicación para el desarrollo. La inclusión de un tema o idea en el
boletín no implica apoyo o acuerdo de los socios.

Envíe información para el Son de Tambora a Juana Marulanda, Editora,
jmarulanda@comminit.com

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