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Modalidades actuales y perspectivas del servicio de televisión en Colombia
Por: Fernando Calero Aparicio
Universidad del Valle, Cali, Colombia
Tomado con autorización del autor del artículo ‘The Colombian Media: Models and Perspectives in Television'
Diciembre de 1999
Comunicador especializado en televisión y educación en el Education Institute (Universidad de Londres). Profesor emérito de la Universidad del Valle, es el Decano de Comunicaciones y Vice-Rector de Relaciones Exteriores de la Universidad del Valle. Su experiencia en educación, televisión pública y políticas, incluye el haber sido director de INRAVISION (Instituto Colombiano para Radio y Televisión) y fundador del canal regional Telepacífico. Por más de cuatro años, fue Director de Programas de ATEI, la Asociación de Televisión Educativa para España y America Latina. Su interés en este campo lo impulsó a ser parte del grupo de creadores de Imaginario, conformado tanto por individuos como por instituciones, comprometidos con el tema del cambio social y el uso creativo de los medios de comunicación. Es consultor internacional en televisión y comunicación.
Las modalidades del servicio de televisión se diferencian por su forma de distribución y por el acceso libre o limitado del televidente en: la de difusión abierta y la de televisión por suscripción. La televisión por radiodifusión abierta es en la que ha estado enfocado principalmente el análisis del presente artículo y la que ha suscitado los debates sobre el servicio público de televisión, además de haber sido, en alguna forma, por la que se planteó la necesidad de un ente autónomo para regir las políticas en materia de televisión en este país en la Constitución del 91. Por su cobertura se puede diferenciar en: Televisión de Cobertura Nacional, Televisión de Cobertura Regional y Televisión de Cobertura Local. La televisión por suscripción es el servicio de televisión cuya señal independientemente de la tecnología y los medios de transmisión utilizados y con sujeción a un mismo régimen jurídico de prestación, está destinado a ser recibido solamente por las personas autorizadas para ello por el operador o concesionario. Ésta se puede diferenciar entre televisión por suscripción cerrada, televisión satelital e incluimos también la televisión comunitaria debido a las condiciones especiales de cobertura y de transmisión por cable y debe ser sin ánimo de lucro (Ver gráfico No. 1).
La televisión de cobertura nacional, puede ser recibida libremente en todo el territorio nacional y puede diferenciarse entre la operación pública manejada por el Estado a través de INRAVISIÓN y la operación privada. En la Operación Pública los espacios (horarios de emisión) son concedidos a particulares, con ánimo de lucro. En el momento cuenta con veintitrés (23) empresas programadoras privadas de televisión. En ésta misma operación pública está la llamada televisión cultural y educativa de "Señal Colombia", un servicio de televisión pública de prestación obligatoria, que debe ser financiado por el Estado, a través de algunos de sus organismos, pero, principalmente por la Comisión Nacional de Televisión -CNTV- a través del Fondo de Desarrollo de Televisión Pública. Este Fondo fue creado con los dineros recaudados por las concesiones y los aportes de los operadores privados y por un porcentaje bruto mensual de los pagos de la facturación de la televisión por suscripción.
En la televisión de cobertura nacional también están los canales nacionales de operación privada, con ánimo de lucro, que fueron introducidos en 1995 como consecuencia de la política económica del país, sustentados en la competencia y en la desregulación y como mandato del artículo 20 de la Constitución. Estos dos canales fueron asignados a RCN - Radio Cadena Nacional - del grupo económico Ardila Lülle, con basta trayectoria en la radio con cadena de cobertura nacional y en la televisión como programadora en el esquema anterior al 95; el otro canal fue asignado a CARACOL -Cadena Radial Colombiana- del grupo económico Santo Domingo, cuenta también con gran tradición en los medios de comunicación en el país. Ambos fueron concedidos en adjudicación mediante licitación pública previa inscripción en el Registro Unico de Operadores Privados del Servicio Público de Televisión en el nivel de cubrimiento nacional. Su concesión es por 10 años prorrogables bajo las siguientes condiciones económicas: pago por el valor de la concesión 95 millones de dólares, pago por la utilización de frecuencias que es fijado por la Comisión Nacional de Televisión -CNTV- y aportes al desarrollo de la televisión pública del 1.5% de la facturación bruta anual pagaderos trimestralmente.
La televisión regional debe incluir más de un Gobierno seccional (al menos dos departamentos). Ha pasado de cuatro (4) canales a ocho (8) en los últimos tres años (Ver gráfico No. 2). Son administrados en forma descentralizada e independiente de la televisión pública nacional a pesar de que el operador público, INRAVISIÓN, es socio en la mayoría de estos. Son a la vez programadores, administradores - ejecutores, responsables de la emisión y operadores públicos.
La televisión local, fue autorizada en 1995 y reglamentada en 1997, su experiencia es poca, sólo se conciben exitosamente en las grandes urbes, Bogotá, Cali, Medellín, aunque hay estaciones autorizadas en ciudades más pequeñas como Bucaramanga, Pasto y Tunja. Es un servicio que debe ser prestado en un área geográfica continua y no debe superar el ámbito de un municipio o área metropolitana o asociación de municipios. El servicio puede ser prestado con o sin ánimo de lucro. Bajo esta última condición puede ser asignado a una persona jurídica privada en aquellos municipios que superen 100 mil habitantes, solo se puede asignar una estación por proponente y ningún operador de nivel nacional ni ningún concesionario de los canales públicos puede ser operador de la televisión local. Hasta la fecha, sólo existe un canal con ánimo de lucro, City TV, que pertenece al grupo editorial ‘El Tiempo', el periódico más importante y de mayor circulación del país. Su ámbito de cobertura es exclusivamente el Distrito Capital de Santafé de Bogotá con una población potencial aproximada de 7 millones de habitantes. Los demás canales locales son sin ánimo de lucro y han sido asignados principalmente a entidades educativas y culturales, su comercialización es limitada lo cual ha impedido un desarrollo efectivo de su programación con base en la producción local, así como un impacto importante en el panorama audiovisual como alternativa y competencia a la otras ofertas televisivas.
La televisión por suscripción cerrada aparece también a mediados de los años 80 y su crecimiento en los últimos cinco (5) años ha sido espectacular, sin embargo, el desarrollo de ésta televisión se ha dado a costa de la televisión por suscripción debidamente constituida, es decir "la situación del país (en esta materia) es dramática: de los 4.5 millones de suscriptores que se estima hay en Colombia (frente a un potencial total de 6 millones de hogares), a penas el 5% (unos 225.000) están suscritos a empresas legales, es decir, pagan la tarifa real que cubren los costos del sistema y la rentabilidad de las empresas. Todo el resto es informal" (Revista Dinero, 10 de septiembre de 1999, pag. 95). Esta televisión tenía un ámbito de operación básicamente municipal y hasta noviembre de 1999 existían legalmente constituidas diez (10) empresas, dos en Bogotá, dos en Medellín, una en Cartagena, una en Cali, una en Bucaramanga, una en Ibagué, una en Pereira y una en Manizales. A partir de noviembre del año 1999, fueron asignados por licitación ochenta y tres (83) concesionarios de televisión por suscripción para municipios con menos de 100.000 habitantes, veintiuno (21) concesionarios para municipios mayores de 100.000 habitantes y diez (10) concesionarios a nivel zonal, cuatro para la zona centro, dos para la zona norte y cuatro para la zona occidente. El país está dividido para éste servicio en tres zonas: zona norte, que corresponde a los Departamentos del área del Caribe; la zona centro, que corresponde a todos los Departamentos centrales de Colombia, prácticamente desde Venezuela hasta Ecuador y la zona occidente que corresponde a los Departamentos que dan hacia la vertiente del pacífico, la zona cafetera y el Departamento de Antioquia.
En cuanto a la televisión satelital (DTH o DBS), aunque fue autorizada en el 96, comienza su reglamentación en el año 98. Necesita de la autorización de la Comisión Nacional de Televisión -CNTV- y debe ser ofertada por persona jurídica colombiana, debe pagar además del 10% del total de los ingresos brutos mensuales percibidos por los pagos hechos por los usuarios trimestralmente. En el momento operaron dos (2) empresas SKY TV y DIRECT TV, ambas establecidas por grupos económicos nacionales pero con capital internacional y con apoyo de estas empresas internacionales de México, Venezuela, Brasil y Argentina que aseguran la distribución de la programación a nivel continental vía satélite.
La televisión comunitaria aparece en el país desde los años 80 y es la que representa más confusión para determinarla como servicio de televisión en cuanto a su cobertura, formas de distribución, comercialización y financiación, programación y producción. Debe ser un servicio de televisión prestado por las comunidades organizadas sin ánimo de lucro para autoservirse de la televisión internacional y nacional y de la producción propia, pueden cubrir un área geográfica continua que va desde conjuntos residenciales, asociaciones de barrio, urbanizaciones y áreas rurales y debe ser distribuida por una red física, el cable; puede comercializar al igual que la televisión radiodifundida abierta aunque sus anunciantes deben ser de la zona geográfica servida. La problemática de esta televisión ha residido básicamente, primero, en la concepción de comunidades organizadas puestas son definidas como Asociaciones de Derecho integradas por personas naturales y aunque están restringidas a condiciones de vecindad y colaboración comprobados, en la realidad esto resulta difícil de hacer cumplir y se convierte en personas jurídicas con ánimo de lucro. En segundo lugar, su programación está construida básicamente por las señales incidentales de televisión vía satélite y aún por las codificadas, lo que ha contribuido a que las empresas por suscripción argumenten una competencia desleal y que éstas operan y programan sin fundamento legal. Lo que comenzó como una muy buena idea de actividad en la televisión por parte de la comunidad se ha ido deteriorando en un síndrome de oferta de menúes televisivos internacionales y que se descuidara la misión comunitaria que tenían en un principio. Desde luego lo anterior simplifica la problemática de ésta televisión, puesto que están en el tapete los derechos de asociación de información, de libertad de expresión y de empresa, de fundación de medios de comunicación masiva, entre otros, que garantiza la Constitución, y que se han vuelto base para la demanda del servicio de televisión de las comunidades.
Perspectivas de la situación colombiana
El modelo de "mercado" que se pretendió montar desde 1995 con la introducción de la empresa privada como operador y programador de la televisión de cobertura nacional y local, así como las diferentes modalidades de prestación de servicio tenían su fundamento en un crecimiento continuo de la economía de alrededor del 4.5%, al entrar la economía en recesión, con factores negativos de crecimiento, ha implicado también que "la evolución de la pauta publicitaria y el tamaño de la inversión y los costos en que están montados los canales privados, están lazando una señal muy clara de que el modelo lanzado en Colombia no está siendo viable ni en el corto y en mediano plazo...
Las cuentas de televisión nacional no están dando. Los ingresos publicitarios no pasarán este año de los 336 mil millones de pesos colombianos (unos 160 millones de US dólares) frente a los costos totales de operación de los canales nacionales que fácilmente van a superar los 600 mil millones de pesos colombianos" (unos 280 millones de US dólares) (Revista Dinero, julio 2 de 1999 pág. 40); o sea un déficit de casi un 50% que se augura se mantendrá en pesos corrientes para los próximos seis años; "Y más que una reducción en el valor de la licencia o en las tarifas que pagan por los espacios, tienen que modificar sus costos de programación y el modelo de financiamiento con exceso de deuda que drenará de los canales privados cerca de 100 mil millones de pesos colombianos (unos 55 millones de US dólares) en el 99, lo que representa el 74% de sus ingresos, un nivel que hace inviable cualquier modelo de negocio, aún en época de boom económico" (Ibid pág. 41). Bajo las anteriores circunstancias parecería que la única rentable sería la Comisión Nacional de Televisión -CNTV- que para 1999 esperaba contar con unos ingresos de 190 mil millones de pesos colombianos (aproximadamente 85 millones de US dólares), de los cuales unos 50 mil millones de pesos colombianos (aproximadamente unos 23 millones de US dólares) le ingresarán por la concesión de espacios en la operación pública y unos 80 mil millones de pesos colombianos (aproximadamente unos 38 millones de US dólares) por derechos, tarifas, y compensación para el Fondo de Compensación de la Televisión Pública de los canales de operación privada; y unos 12 mil millones de pesos colombianos (unos 5 millones de US dólares) por los derechos y compensación para el Fondo de la Televisión Publica, de la televisión por suscripción. Es decir que casi un 75% de los ingresos de la Comisión Nacional de Televisión -CNTV- entrarán por la operación de la actividad privada en este sector. De estos ingresos la inversión será de casi el 50%, en proyectos como el de mejoramiento y ajuste de la red de televisión y en el de control y vigilancia del servicio público de televisión.
Con lo anterior, podríamos indicar que el modelo 95 de la televisión colombiana desde el punto de vista económico y desde su relación con el Estado, está en una gran incertidumbre, y que aunque la condición económica afecta a todos, los canales de operación privada han intentado defenderse con armas que afectan el desarrollo de la libre competencia.
Un ejemplo en la dinámica del modelo colombiano, está en la absorción de las producciones nacionales más rentables por los canales de operación privada, sin que estos asumieran directamente la producción, pero sí contratándolas o comprando los derechos de emisión de éstas producciones. Esto implicaría una concentración del talento y del quehacer profesional, que en circunstancias normales podría ser beneficioso para el desarrollo de la televisión colombiana, pero bajo las condiciones de incertidumbre y afianzamiento del modelo pueden perturbar notablemente el desarrollo de la industria de producción nacional.
En cuanto a la televisión por suscripción se espera que ésta comience a cambiar, puesto que la tendencia tecnológica, que puede utilizar la infraestructura ya establecida por los operadores de televisión por suscripción, avanzaría en proponer un negocio completamente diferente con actores nuevos, tecnologías de vanguardia y tecnologías de servicios que conjuga el teléfono, el PC, las redes y bancos de datos, las transmisiones de vídeo, etc. Sin embargo, Colombia mantiene diferenciados los servicios de telecomunicaciones y es poco lo que se ha avanzado en el modelo colombiano para articular las diferentes tecnologías y optimizar los recursos y la infraestructura técnica. En el corto y mediano plazo con la adjudicación a 114 empresas concesionarias de licencias para operar en los diferentes ámbitos: municipal menor de 100.000 habitantes, municipal mayor de 100.000 habitantes y zonal, se espera se estabilice el negocio de la televisión por suscripción, pero obviamente a largo plazo las repercusiones tendrán que ver con la inserción de ofertas de servicios y de las tecnologías avanzadas de distribución y de doble vía.
La televisión de cobertura regional que estuvo a la vanguardia de la descentralización de la televisión en la información, en la producción local y regional, hoy en día tiene dificultades para encontrar su nicho de especialización o por lo menos un énfasis de programación, pero también tiene dificultades para buscar un equilibrio económico. Su viabilidad económica consistía en mantener ingresos por el alquiler de espacios de programación, por los proyectos específicos, por las transferencias de los presupuestos de los Gobiernos Secciónales y últimamente por los aportes del Fondo de Promoción de la Televisión Pública que les hacía la CNTV. Sin embargo, han perdido su participación en audiencia, y aunque mantienen sus preferencias informativas en lo regional, esto se ha convertido en una presión para mejorar lo que se plantea como la eficiencia y la eficacia en la prestación de servicio de cobertura regional: reducción de costos de operación, reducción de riesgos de producción, programación más viable de ser comercializada o patrocinada y definición de su nicho en la oferta televisiva para la "competencia" con las otras ofertas televisivas. Algunos sugieren que la mayoría de los canales regionales desaparecerán o se tendrá que buscar la fusión de algunos de ellos.
La televisión local sería el complemento natural, según las tendencias, de la oferta de televisión nacional y trasnacional, la verdad es que no hay todavía suficientes elementos para poder medir el alcance de la televisión local, ya que televisión local con ánimo de lucro sólo existe en la Capital de la República, City TV, mientras que la televisión sin ánimo de lucro como es el caso de Telemedellín, con una exitosa propuesta de programación urbana, depende para su operación del presupuesto de la ciudad de Medellín y como tal estará sujeto a los vaivenes políticos y al manejo de las finanzas públicas de esa ciudad. Es posible, sin embargo, que en la televisión local sin ánimo de lucro para una programación especializada y dirigida a audiencias concretas esté todavía por desarrollarse la televisión pública o de interés público en éste país con énfasis en la educación y la cultura. La apuesta por esta televisión de interés público está en "Señal Colombia", como una oferta de cobertura nacional financiada directamente por el Estado, pero que no ha podido ser definida desde su objeto y se ha convertido en la vara de premios para los contratos de producción. Por otro lado, con una visión eminentemente centralista, sin una mirada a las actividades culturales de recepción de las regiones y de las comunidades por fuera de la Capital. Su operación y administración no han podido ser definidas por fuera de la estructura del Gobierno Nacional, quedando entonces al vaivén de los Gobiernos y de sus prioridades en materia de educación, cultura y financiación. Su cobertura poblacional es de cerca del 60% comparada con el 92% de la Cadena Uno y Canal A, y parte de esta limitación corresponde a la transmisión por banda UHF con las limitaciones de recepción que todavía se mantienen en ésta banda en este país.
En cuanto a la tecnología, no se prevé que Colombia se acerque a la transmisión digital terrestre en los próximos diez años y es más, toda la inversión en las redes de distribución se hace con tecnología análoga que obviamente impedirá brindar diferentes servicios integrados a corto y a mediano plazo. El enlace de la señal es digital y se hace vía satélite, pero se mantiene la red de microondas y los transmisores y remisores bajo tecnología análoga.
Es importante resaltar que las grandes determinaciones sobre programación se hacen con base en los resultados del servicio de medición de audiencia IBOPE, empresa Brasilera que reemplazó a la empresa Nielsen. Sus mediciones se basan en la recopilación de la información automática y electrónica y su muestra esta sustentada estadísticamente. Sin embargo, hay gran inconformidad con la muestra sobre todo en lo que hace a las regiones. Además, desde el punto de vista del concepto del servicio público, siendo éste el principal factor que utilizan las empresas para decidir sobre su inversión publicitaria, desde luego, afecta directamente la programación y la producción nacional y regional, por encima de las decisiones del Estado a través de la CNTV y de la empresa privada comprometida en la prestación del servicio.
Finalmente es importante decir que, a pesar de la crisis, la industria de la producción nacional sigue siendo el principal elemento de cobertura nacional de radiodifusión abierta en el país y demuestra que a pesar de las múltiples ofertas televisivas la producción nacional sigue mostrando la preferencia de la audiencia, lo cual constituye un hecho cultural y de audiencias importante en un país complejo y contradictorio, lleno de incertidumbres en su presente y su futuro, pero también, con ciertas demandas y expectativas sobre la configuración de un ser ciudadano.
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